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Comparten experiencia expositores de Nombrar la soga, quemar la casa


Publicado el 15 de Septiembre del 2016 7 p.m. EXPRESIÓNCULTURA



Participan en la mesa redonda Colectividad expuesta, en la GAALS

NN Noticias/ Redacción

 

“Fue un aprendizaje pero también fue un desprendimiento; fue terrible desprendernos de cosas como la individualidad al crear arte”, coincidieron los participantes en la exposición colectiva Nombrar la soga, quemar la casa, que permanece abierta en la Galería de Arte Antonio López Sáenz del Instituto Sinaloense de Cultura, y que ahora participaron en la mesa redonda Colectividad Expuesta, en dicha galería.

Presentes en esta charla estuvieron los artistas visuales: Lenin Márquez, Delia Guerrero, Alejandro Mojica, Sandra Robles, Marcelo Valle, José Úrsulo Santos, Rubén Rivera José Luis Arias Benítez, Ito Contreras, acompañados por Minerva Solano Moreno, jefa de Artes Visuales del ISIC y coordinadora de ese proyecto, con la curaduría de Víctor Palacios.

Ausentes, estuvieron Jorge Díaz Payán. Raúl Torres, Mayra Zazueta, Antonio Rembao, Eduardo Sánchez, Mario Iribe, Luis González, Clemente Pérez, Gilberto Gutiérrez, Eva Evelia Morales Velázquez y José Luis Cuevas.

Minerva Solano expresó que esta mesa redonda es la última actividad del proyecto Nombrar la cuerda…, el cual que surgió de un planteamiento de Víctor Palacios, de convocar y reunir a los artistas plásticos sinaloenses de varias generaciones, para brindar la oportunidad de explorar otras posibilidades expresivas a los convocantes venciendo egos, estilos, costumbres, conflictos, negociaciones y contagios, no sólo entre los creadores participantes, sino también entre la institución.

Los participantes en la mesa redonda, coincidieron en que, aunque extraña por lo que implicaba, les resultó una experiencia maravillosa, grata finalmente, inquietante y enriquecedora.

Ursulo Santos expresó “como creadoras, comúnmente nos cuesta trabajo colaborar o participar con otros compañeros, pero cuando se logra esto, se ven los resultados, cuando cualquier garabato fue punto de partida para que los demás participaran y lo fueran enriqueciendo”.

Sandra Robles expresó “que llegamos aquí el primer día apartando cada quien nuestro pedazo de pared y fue terrible tener que desprendernos de él y permitir que otros se metieran en lo que habíamos realizado; nos fue difícil entenderlo porque estamos acostumbrados a crear una pieza, a poseerla y conservarla y no destruirla, y aquí todo fue muy rápido”.

Marcelo Valle dijo que “primero no teníamos ni idea de lo que teníamos que hacer, pero fue maravilloso poder darnos esa libertad, ese gusto, que a veces no tocamos, de hacer lo que queramos, intervenir en los espacios de nuestros compañeros y ver cómo otros interrumpen nuestro trabajo”.

Alejandro Mojica manifestó que es notable por la convivencia entre los compañeros, e hizo notar que antes ya se hacían estas cosas en espacios independientes pero no a nivel institucional, en lugares como el Centro Cultural Calpulli o en el Espacio Plástico del Casino en 1985 e incluso en las calles.

Ito Contreras señaló que fue interesante “eso de romper con el aprendizaje que ya teníamos y olvidar todo: estilos, gustos, tendencias, es algo a lo que no estamos acostumbrados”.

José Luis Arias expresó que “fue un reto singular y lo disfruté mucho; fue fascinante esa búsqueda sin bosquejos previos y espero que el público también tenga un cambio en su percepción del arte”.

Lenin Márquez precisó que “venimos de la idea de que el artista debe trabajar en soledad, que el proceso de creación del arte es individual, y en esta experiencia no hay ni siquiera un espacio para ponernos de acuerdo; además es maravilloso el reencuentro de alumnos con sus maestros, con las diversas generaciones que estuvieron representadas”.

 

 

 

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